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Bolsas de plástico, el principio del fin

La utilización de los derivados del petróleo para fabricarlas, las décadas que tardan en degradarse y la conciencia medioambiental pueden hacer que las bolsas tengan los días contados

El uso de las bolsas de plástico ha sido siempre práctico y recurrente pero su alto impacto medioambiental ya ha inducido a muchos países a reducir su uso, reutilizarlas, sustituirlas por otras biodegradables, cobrarlas e incluso prohibirlas. En España se distribuyen cerca de 10.500 millones de bolsas de plástico al año (238 por persona), de las que apenas el 10% acaba en el contenedor amarillo, donde pueden ser reutilizadas. La mayoría termina en vertederos, alimentando los residuos tóxicos, en el mar, donde además provocan la muerte por asfixia de doscientas especies de animales, o como tapón en cañerías y alcantarillado, con el consiguiente peligro de inundaciones -sobre todo en ciudades del mundo menos desarrollado-.


Irlanda fue pionera en Europa en la toma de medidas sobre la producción descontrolada de bolsas de plástico al introducir en 2002 un impuesto al consumidor por cada bolsa distribuida. El resultado fue que se recaudaron cerca de 23 millones de euros para invertir en proyectos medioambientales y una reducción en el consumo del 90%. A partir de ahí se han ido desencadenando las iniciativas en países de todo el mundo, desde pagar en los supermercados por cada bolsa o lanzar otras reutilizables, hasta prohibirlas.


Reutilizar y sustituir


La concienciación debe llegar tanto a los gobiernos como a las persona de a pie. Lo malo no es sólo el material sino el hecho de que sea de un solo uso. Por lo tanto, las recomendaciones serían dos: reutilizar la bolsa ya creada y sustituirla, en la medida de lo posible, por otros materiales. En España, la reutilización del plástico apenas llega al 12%, mientras que en países conocidos por su fuerte compromiso ambiental como Suiza o Dinamarca alcanzan unos niveles del 75 y 65%, respectivamente.
Cada uno de nosotros también debe poner su granito de arena en este sentido y empezar a concienciar a los pequeños con acciones, aparentemente sin importancia, como no dejar a medio llenar las bolsas de plástico, evitar su uso todo lo posible o reutilizarlas para nuevas compras, llevar nuestra propia bolsa de tela, papel, cesta o carro… y, por supuesto, tratar de extender este ejemplo entre los más allegados. Muchos niños en todo el mundo ya lo están haciendo.
 

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