Padres o Nones.

Buscadores de tesoros

Bajo un sol radiante o guareciéndonos de la lluvia, hay tantos tesoros como ideas. Sólo hace falta echarle ganas, ingenio e imaginación. Les encantará

Están deseando jugar y a la mínima propuesta se animan. La curiosidad y el espíritu participativo, a la par que competitivo, serán nuestros principales aliados para esta actividad cuyas variantes son ilimitadas. Todo depende del lugar en el que vayamos a desarrollarla, de las personas que participen, de sus edades, del momento en el que se propone y cómo se propone (no es fácil competir con las maquinitas pero vale la pena intentarlo), así como de las ganas que tengamos los adultos responsables de la iniciativa.

 

A nuestros pequeños “buscadores” les mostraremos las diferentes piezas del tesoro que posteriormente vamos a ocultar, bien en una habitación, bien repartidas por todas las estancias de la casa, o, si estamos en un jardín o parque, en el espacio que previamente delimitemos.

 

Se trataría de hacer algo similar al “egg hunting” americano en el que los niños, cesta en mano, buscan los distintos huevos de pascua. Se puede hacer de forma individual o por equipos; uno a uno, uno para varios, o dividir en dos grupos a quiénes esconden y a quiénes buscan, papeles que luego se intercambiarán.

 

Ganará el niño o el equipo que obtenga más piezas del tesoro, o una pieza en concreta que decidamos con antelación. En cuanto a las ayudas o a las pistas, sobre todo si son pequeños, podemos jugar al “caliente, caliente” y “frío, frío”. Otra versión que les encanta es ser ellos quienes dominen el juego, quienes escondan las piezas del tesoro, quiénes pongan las reglas y, por supuesto, quiénes nos digan si lo estamos haciendo bien o no en ese especial momento en el que manejan la batuta de este particular concierto de diversión.

 

Un tesoro de “tesoros”

 

ANTES DE JUGAR. Una interesante opción con la que podemos ampliar la propuesta de manera previa es practicando manualidades. La confección de las piezas del “tesoro” puede convertirse sin duda en un aliciente añadido, una actividad en la que entran en juego otras habilidades, haciendo que el juego sea de lo más completo. Para ello podemos utilizar desde envases de alimentos a pasta para hacer collares, pelotas con hojas de periódico o los rollos de cartón del papel de aluminio por poner algún ejemplo, pero hay cientos, sólo hace falta que miremos a nuestro alrededor con detenimiento y nos pongamos a reciclar y a decorar con pinturas, pegamento, tijeras…

 

Y es que hay tantos tesoros como ideas. Desde el que proponíamos hecho por ellos mismos al ya elaborado y seleccionado de entre los enseres de la casa. Se pueden elegir cosas de una habitación, del mismo color, con la misma finalidad, guiados por su textura… O incluso los ingredientes de una merienda que una vez todos hallados, disfrutaremos juntos.

 

DESPUÉS DE JUGAR. Otra joya de lo más instructiva y que supone otro complemento posterior a la propuesta en sí, es elegir libros de cuentos y esconderlos en las estancias previstas. El primer libro que se encuentre puede ser el que luego cobrará protagonismo, o quién encuentre tres libros por ejemplo, el niño o equipo que decida sobre qué libro de cuentos girará la actividad posterior. Leer el libro, adivinar su contenido, contar el cuento al revés o representarlo son algunas de las propuestas para una vez reunidas las piezas-libros de este tesoro bibliográfico continuar pasando un buen rato.

 

Finalmente, y por lo que respecta a los premios, no cabe duda: el mejor es participar y disfrutar de todo el proceso. Aunque si las piezas del tesoro han sido elaboradas por ellos mismos, no está de más regalarles a cada uno una como recuerdo de su buen hacer.

 

 

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