Padres o Nones.

El hilo rojo

Me llamo Lucía Anwen y soy adoptada. Nací en un país enorme que se llama China, pero ahora vivo en España con mis papás y mi hermano.

El día que yo nací, un larguísimo hilo rojo salió de mi corazón y se fue viajando por todo el mundo buscando a mis papás, hasta que llegó a Valencia, donde ellos vivían. Así supieron dónde estaba yo y que ya podían venir a recogerme.

 

No fue fácil porque tuvieron que arreglar muchos papeles y hacer muchas entrevistas, pero al final lo consiguieron y un día cogieron un avión para viajar a China y venir a por mí. Yo mientras iba creciendo, vivía en una casa muy grande que se llamaba orfanato. Me cuidaban unas señoras chinas que me daban muchos biberones de leche y espaguetis de vez en cuando, que me encantaban. Allí había muchas niñas chinas como yo que también esperaban a sus papás.

 

El hilo rojo se hacía cada vez más corto, lo que significaba que mis papás se estaban acercando cada vez más. Y por fin llegó el gran día, ellos llegaron. Yo tenía entonces once meses y tenía muchas ganas de conocerlos y estar con ellos. Cuando me vieron se acercaron a mí y me cogieron en brazos, me dieron muchos besos y abrazos y me regalaron un osito de muchos colores.

 

Fue el día más feliz de mi vida. Nos fuimos los tres juntos al hotel y allí mi mamá me bañó y me puso un vestido muy bonito. Me habían traído muchas cosas de Valencia, ropa, juguetes… Nos quedamos unos días más en China, recorrimos la cuidad de Pekín junto a otros papás con sus hijitas. Hacía mucho calor porque era verano, menos mal que nos llevaban a todos los sitos en autobús con aire acondicionado. Allí solo se puede comer comida china, claro, pero a mí me encantaba, tenía mucha práctica comiendo espaguetis.

 

Pero teníamos que irnos a casa, así que cogimos un avión que nos trajo a Valencia. Mi hermano, mis abuelas y mis tíos nos estaban esperando en el aeropuerto. Mis abuelas se pusieron a llorar de alegría cuando me vieron y no paraban de darme besos (eran un poco pesadas, la verdad) Cuando llegamos a casa mi mamá me enseñó mi habitación y me encantó, era toda blanca. Había muchos juguetes y me pasé la tarde jugando con mi hermano. Empezaba mi vida con mi familia.

 

El tiempo iba pasando y yo estaba muy contenta, iba al cole, tenía amiguitas y me divertía mucho, pero lo más importante es que era muy feliz con mis papás y mi hermano, me quieren muchísimo y yo a ellos.

 

Algún día, cuando sea mayor, viajaré a China para saber cómo viven allí las personas que tienen los ojos rasgados como yo. Pero aún falta mucho para eso.

 

Ahora tengo cinco años y el hilo rojo está liadito en una madeja con forma de corazón que nunca se deshará.
 

Escrito por Cristina Alario e ilustrado por su hija de cinco años, Lucía Anwen Rubio Alario

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