Padres o Nones.

lengua de trapo

Desde los primeros balbuceos cuando son un bebé, hasta los cinco años, cuando es capaz de construir frases en su orden, el niño pasa por un apasionante proceso que puede parecer sencillo pero que pone a prueba su estado físico y desarrollo social

Las primeras palabras de un niño suelen ser celebradas por toda la familia,  pero lo que desconocen es que detrás hay un largo proceso al que lo padres deben de estar atentos. Del papa y mamá y palabras sin sentido y mal construidas, a complicadas frases con correctas formas verbales, hay una larga distancia que se mide tanto en años como en desarrollo físico del menor.

 Los padres no deben preocuparse si un niño tarda más o menos en empezar a hablar. Cada menor tiene su tiempo y aunque unos comienzan antes con “lengua de trapo” otros tardan más, pero cuando lo hacen suelen formar correctamente las palabras.  Lo que sí es cierto es que se puede motivar y ayudar al niño a entrar en el mundo de las palabras y potenciar su capacidad para comunicarse.

 Aunque parezca lo más natural del mundo, para que un niño pueda hablar se deben dar varias circunstancias. La primera de ellas es una buena audición, ya que para habla primero hay que oír bien y es imprescindible percibir todas las matizaciones del lenguaje para luego poder reproducirlas. En segundo lugar se debe contar con una correcta articulación, que forma parte del sistema vocal. Pero además de cualidades físicas, son necesarios también factores psicológicos.

 Los expertos recomiendan hablar al bebé desde sus primeras semanas de vida, incluso antes. Hay que tocarle, contarle cosas y mimarle porque así se desarrolla su capacidad de atención y concentración.

 Al principio el bebé sólo puede utilizar el lenguaje corporal. Sus emociones y sentimientos se muestran a través de expresiones faciales y corporales, que no dejan de ser una forma de comunicación. Si se siente mal o quiere comer llora, si está contento sonríe, un “lenguaje” básico pero muy útil a los padres. Poco a poco el bebé irá dando entonación a su voz y comenzará a mostrar preferencias por los sonidos de los idiomas que hablan a su alrededor. Primero  repetirá sonidos de forma continua y poco a poco, irá incluyendo otros nuevos  que intercalará con los anteriores. Así, a los sonidos vocálicos incorpora poco a poco consonantes y a los seis meses, más o menos, añade sílabas a su repertorio y ya es capaz de atender ordenes sencillas, ya que entiende perfectamente un “no”.

 En esas edades los padres pueden utilizar términos directos e incluso recurrir al entorno haciéndoles observar detalles de lo que ocurre todos los días.

 A partir del año los niños comienzan a decir dos o tres palabras sencillas y a los 15 meses realizan sucesiones de sonidos propios marcados por énfasis, acciones y gestos.

 Su vocabularios al llegar a los 18 meses es más o menos de diez palabras que se amplía a tres decenas cuando cumple más o menos los dos años, edad a la que ya hace preguntas sencillas, incluye en sus palabras los posesivos y las frases negativas (“no puedo”). Empieza a aprender el ritmo de la conversación y se esfuerza por aprender nuevas palabras.

 En esas edades los padres deben acoger positivamente sus intentos y en lugar de corregirle directamente, responder repitiendo correctamente lo que acaba de decir mal.

 Cuando llega a los tres años su vocabulario se ha ampliado de 200 a 300 palabras. A menudo habla solo y empieza a escuchar cuando se razona con él. Aumenta su capacidad de atención y aunque no pronuncia correctamente tiene mucha fluidez.

 De tres a cuatro años empieza a dominar el lenguaje, y lo usa con seguridad. Utiliza órdenes y fórmulas y los conceptos gramaticales se desarrollan rápidamente. Intenta el uso de la comparación y suele mantener conversaciones por medio de preguntas. A los cuatro años tienen lugar la etapa más floreciente del lenguaje, habla mucho y sobre cualquier tema y, para desesperación de los padres, pregunta incansablemente sobre todo lo que llama su atención. Suele repetir y utilizar correctamente formas verbales y asocia cada fonema con su letra, ya que es capaz de dividir palabras

 

No olvides que…

 -Cada niño tiene su propio ritmo y no hay que preocuparse porque hable peor que el vecino que tiene la misma edad.

 - Los niños expuestos a dos idiomas, aunque comprendan ambos, tardarán más tiempo en empezar a hablar. Cuando comiencen serán bilingües

 -Si tiene algún problema lo primero que hay que hacer es confirmar que oye bien, ya que una audición correcta es imprescindible para que puede hablar.

 -Se aprende a hablar por imitación, así que habla con él aunque sea un bebé y utiliza palabras sencillas y claras.

 -Se puede estimular el aprendizaje con canciones y juegos

 -Es más importante la comprensión que la expresión. Si un niño atiende y comprende ordenes sencillas pero no habla, solo hay que darle tiempo.

 -Ante cualquier duda sobre su desarrollo consultar al especialista.

 

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