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El calor provoca problemas de sueño a gran parte de la población

El insomio y los problemas de sueño se han convertido en la patología más habitual durante el verano. El cambio de hábitos de vida y el aumento de la temperatura impide el descanso especialmente a los niños

Ancianos y niños son los que más sufren los efectos de las altas temperaturas a la hora de conciliar el sueño ya que "son muy sensibles" y duermen de forma "más fraccionada".

 

La temperatura ideal para dormir “a pierna suelta” está entre los 18 y los 22 grados, según el doctor Escribá, especialista en Trastornos del Sueño del Hospital Casa de Salud de Valencia, quien recuerda que en las calurosas noches de verano se superan los 25, incluso los 27 grados, lo que hace que nos despertemos más por la noche y que la calidad del sueño sea peor.

 

A medida que aumenta la temperatura en el ambiente, la duración de los ciclos del sueño es más corta. Por ello, hay que seguir una serie de recomendaciones preventivas, que son muy importantes para obtener un sueño reparador”, según el especialista

 

Por otra parte, en verano los hábitos alimenticios y de higiene de sueño son más desordenados: por regla general comemos y bebemos más y en algunos casos dormimos siestas demasiado largas a horas intempestivas, por lo que, si sufrimos de insomnio, no cometer excesos de este tipo será la clave para un descanso nocturno más reparador”, afirma el experto.

 

Según ha confirmado el especialista en Trastornos del Sueño del Hospital Casa de Salud, “el sueño está directamente relacionado con la secreción de melatonina de nuestro cuerpo, que aumenta durante la noche. Al haber más horas de luz, la melatonina que producimos disminuye, lo que dificulta la conciliación del sueño y provoca un incremento del insomnio”.

 

Consejos para dormir mejor en verano

 

Por tanto, para el experto del Hospital Casa de Salud, se deberían seguir una serie de recomendaciones para evitar el insomnio estival:


-Mantener un ritmo de vida regular, acostarnos y levantarnos a la misma hora, procurar que nos dé el sol y la luz solar a primeras horas del día, para que el ciclo siga regulándose adecuadamente y realizar ejercicio físico no violento en las horas de menos calor.

 

-No irse nunca a la cama inmediatamente después de cenar. Es conveniente tomar mucho líquido, ya que de ese modo se alcanza el descenso de la temperatura corporal y no acostarse hasta pasadas dos horas de la cena. Las comidas tendrán que ser ligeras y, las cenas, muy poco copiosas.

 

-Mantener un adecuado hábitat para el descanso nocturno. Hay que intentar que nuestro lugar de descanso, incluido el colchón y la almohada, sean lo más cómodos posibles y mantener una buena temperatura en nuestra habitación, sin abusar de los aires acondicionados que secan el ambiente, ni de los ventiladores.

-No realizar siestas de más de 30 minutos Las grandes siestas de una o dos horas retrasan el sueño de la noche. En el horario nocturno, si no puede dormir en un plazo de 15 o 20 minutos, lo mejor es abandonar la cama para volver a ella cuando aparezca la somnolencia.

 

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