Padres o Nones.

En casa del herrero, cuchillo de palo...

Reflexiones de una madre y maestra

 Por Cristina B

Mi experiencia como docente, veinte años entre secundaria, E.O.I y primaria, ha sido casi siempre gratificante; como madre, doce años, enorgullecedora, la mayoría de las veces…; pero reconozco que conciliar mi profesión con mi tarea de madre es a veces complejo, ya que toda la paciencia que tengo con mis alumnos/as parece agotarse cuando llego a casa y me toca “lidiar” con los deberes, trabajos y estudios de mi hijo.

 

Supongo que él tampoco lleva muy bien eso de terminar las clases cada día, llegar a casa y encontrarse con “otra profesora” que le exige y atosiga para que haga sus tareas, le riñe si se deja desordenada su habitación y no le deja jugar al ordenador hasta que no termine sus faenas del colegio.
Una auténtica “bruja”, según él.

 

Pero que conste que he probado de diversas maneras y ninguna funciona: darle mi voto de confianza y dejarle toda la tarde sin recordarle los deberes; explicarle y preguntarle las lecciones (acabamos peleando porque se tumba y espera que le lea el tema); darle puntos para conseguir premios…

 

Por otro lado, mi vida de maestra es mucho más fácil. Ahora estoy en primaria donde los alumnos/as son muy agradecidos. Te saludan con cariño y te abrazan porque les enseñas y les tratas bien. Esto aporta mucho bienestar, y te hace sentir bien contigo misma, te reconforta y recompensa el esfuerzo que haces en prepararte las clases y en idear la mejor forma de hacerles llegar a un concepto, la explicación de un tema o una actividad.

 

¡Que diferente es este sentimiento en relación con mi hijo! Le quiero con locura, pero pienso que no valora todo lo que intento hacer por él. Muchas veces lo dejo por imposible y pienso que dejando que se las arregle por si mismo, se hará responsable… pero en el fondo me puede, porque sé que puede rendir mucho más y no conformarse con un bien o notable y, al final, me pongo pesada y quiero explicarle la lección, cosa que no aguanta.

 

Así que “en casa del herrero, cuchillo de palo”. Con el mío no puedo… ¿será que tenemos el mismo carácter…? En fin, yo no pierdo la esperanza; algún día, cuando madure y sepa valorarlo, se hará responsable.

 

 3 comentarios

Escribe tu comentario

Usuario:
Comentario:
Código:
Escribe aquí el código de seguridad:
Más noticias en Padresonones

© 2017 padres o nones | Todos los derechos reservados | Diseño Web | RSS